FRUTA HENDIDA

FRUTA HENDIDA
Ficha técnica
Editorial:
KALATHOS EDICIONES
Año de edición:
Materia
Poesía
ISBN:
978-84-949509-5-7
Páginas:
90
Encuadernación:
Otros
Disponibilidad:
Disponibilidad inmediata

14,00 €
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Fruta hendida reúne 43 poemas escritos entre 2014 y 2018 y que representan “un viaje introspectivo con anclajes afectivos, entre mareas y abismos, diálogos ininterrumpidos, miradas por las rendijas, exploraciones de la feminidad y el cuerpo, y momentos de contemplación irrenunciables; sin quitarle el ojo al paisaje alrededor y la afectación del drama de ser diáspora, que en forma doliente viven muchos venezolanos”, dice la autora.

Armas, cuya poesía ha integrado importantes antologías como Rasgos comunes, poesía venezolana del siglo XX (Pre-Textos, Madrid, 2019), dialoga en Fruta hendida con sus voces más entrañables: Freddy Mercury, Roberto Obregón, Gego, José Antonio Ramos Sucre, Edmond Jabes o Frida Kahlo, entre otras.

“Fruta hendida”, de Edda ArmasEl poemario se divide en tres partes: “Cuando evocar se hace fruta”, juego de espejos en los tiempos de rememorar y verlo todo con la luz del retrovisor; “Carbunclo de fructosa”, que ausculta en el origen y ajusta cuentas con los antepasados, y “Si fruta fuese país”, una meditación sobre el dolor que enlaza la fruta con una Venezuela que resiste en medio del derrumbe: “el dolor de quienes huyen / La incisión de las despedidas” (p. 72).

Por otro lado, el libro incluye fotografías de Fernando Adam, artista venezolano residenciado en Barcelona que ha realizado exposiciones en museos y galerías de Barcelona, Caracas, Madrid, Londres y París, entre otras ciudades. Así, imágenes de paisajes de mar, frutas y texturas del tiempo memorioso y el Ávila, la montaña que corona Caracas, se encuentran con la poesía de Armas.

“Fruta hendida responde al ‘invisible ritual / de invertir el infortunio’. En ella se cruzan el tiempo y su desgaste pero, aun sabiendo de la condición ficticia de todos los bodegones (como el hermosísimo de Fernando Adam que sirve de portada), se procede desde lo desvaído, lo ausente, lo que es sólo merma pero nunca renuncia al fulgor”, escribe en el prólogo María Ángeles Pérez López, poeta y académica de la Universidad de Salamanca.