Lector, deja ahora de leer por un momento y piensa en esto que te digo: «Al principio de la historia ya estaban algunos que llegaron primero y saciaron el hambre y la sed con sabrosos frutos que cayeron con suavidad sobre sus manos, pero acto seguido vinieron los segundos que tuvieron que esperar con paciencia por haberse agotado los frutos que debían crecer para un posterior reparto, sin embargo, aún quedaban por llegar los terceros que eran muchos más y no les quedó otro remedio que conformarse con las sobras de aquellos que esperaron para saciarse hasta empachar. Y al final de estos que se agolparon bajo la mesa, hambrientos y retraídos, llegaron aun los últimos que quedaban, un ejército de exiguas bocas dispuestas a comer todo lo que otros ya habían comido. De esta estirpe tan rezagada y famélica procede toda una raza de nombres cuya anhelada eternidad estará garantizada por los siglos de los siglos, y por la creciente inmundicia que rebosa y nunca se verá agotada».
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