«En los libros de Gilda Holst hay un personaje recurrente: una mujer tímida que de repente se atreve a intervenir en una situación o en una conversación y termina por incomodar al resto. Es uno de los temas más presentes en su obra: mujeres en una situación difícil, frágil incluso, que de pronto deciden desestabilizar, perturbar, contraatacar. [...] Su narrativa construye una imagen entre arrogante y paranoica de aquella burguesía ecuatoriana cuya aparente estabilidad se quiebra ante el menor desajuste. Empleadas domésticas, porteros, mendigos: todos son sujetos desconfiables que, desde su mirada subordinada y desafiante, atentan contra un mundo de seguridades y privilegios». Carlos Burgos Jara«Posee un idioma aéreo y sugerente; maneja la descripción y el diálogo breve como incisiones de estilo; opera sobre el magnetismo de la ciudad, del río y las playas. El humor y la ternura se sustituyen en sus anécdotas. Y sin embargo, la densidad de sus percepciones convierte sus narraciones en un nuevo estrato de la sensibilidad literaria». José Balza
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