Imaginemos a un profesor excelente que da clase a estudiantes excelentes. A pesar de ello, si toda la clase saca notas buenas, ese profesor es señalado con el dedo, considerado como un blando y quizá como poco serio. Debido a la presión de la sociedad y de sus propios colegas, incluso a veces de los propios alumnos, algunos docentes, para resultar creíbles, se sienten obligados a poner un cierto porcentaje, que suele ser constante, de malas notas, una constante macabra. Este es el llamativo hecho que el profesor André Antibi analiza con detalle y denuncia en este libro, agradable de leer, recomendable tanto para profesores como para padresáy madres.
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