Roma, nombre de mujer, ciudad encarnada en diosa. Y, sin embargo, cuando se narra su historia, no escuchamos las voces de las romanas, enmudecidas en unas fuentes escritas por y para los hombres. ¿Podemos rescatar esas voces, podemos desafiar un silencio milenario e intentar recuperar lo que emperatrices, libertas o esclavas dijeron y sintieron? Cristina Rosillo López, reconocida experta en la antigua Roma, responde en Romanas. Voces rescatadas a este desafío nunca antes planteado: sí, se puede contar la historia del mundo romano empleando únicamente fuentes escritas por mujeres, desde cartas a epitafios o grafitis. Mujeres de la élite, como una Livia o una Agripina que escribió sus Memorias, pero también trabajadoras como Amica y Detfri, que escribieron sus nombres en una teja junto a las huellas de sus zapatos. Una historia contada por ellas, porque las experiencias femeninas son también universales: nos hablan de elecciones y de alta política, de comercio y de trabajo, de ciencia y de cultura, de amor y sexo, de cuidados, dolor y de la pérdida de seres queridos Sus voces en primera persona nos hablan, en suma, de la vida en Roma a través del prisma femenino, porque la historia no son solo grandes procesos y revoluciones, batallas y conflictos, sino también las pequeñas historias que nos hablan del día a día. En Romanas. Voces rescatadas la antigua Roma funciona como un espejo en el que mirar nuestra sociedad, y sus mujeres nos hablan de un mundo que no es el nuestro pero que nos interpela. Es necesario rescatar sus palabras para devolverles su pasado, sus vidas y sus historias, tan distintas de las nuestras en algunas cosas, pero tan igual en tantísimas otras. Escuchémoslas.
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